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Mantener el equilibrio y evitar el estrés asociado a la maternidad

Como madres muchas veces nos resulta muy difícil mantener un buen equilibrio entre atender a nuestros hijos y satisfacer sus necesidades y cuidarnos apropiadamente a nosotras mismas satisfaciendo nuestras propias necesidades. Cuando el equilibrio entre satisfacer las necesidades de nuestros hijos y satisfacer nuestras propias necesidades se rompe, nos sentimos estresadas, abrumadas, agotadas, tristes e irritadas, lo que hace difícil el poder disfrutar de nuestro hijo.

El trabajo de cuidar bebés y niños pequeños es especialmente demandante, tanto desde el punto de vista físico como emocional, por lo que debemos cuidarnos para poder estar con una buena predisposición y en las mejores condiciones para poder llevarlo a cabo satisfactoriamente. Es importante que dediquemos tiempo y energía para cuidarnos a nosotras mismas para poder cuidar bien a nuestro bebé o hijo pequeño.

No sólo tenemos que estar atentas a las necesidades de nuestro bebé, sino que también será necesario establecer los límites necesarios para poder mantenernos tranquilas y equilibradas. Si no hacemos esto, podemos correr el riesgo de que el estrés nos lleve a un estado de “burn out”. Los papás también corren el riesgo de reaccionar alejándose o desconectándose y el bebé deja entonces de tener los padres alegres y los límites que necesita.

Algunas señales que nos indican que hemos perdido nuestro equilibrio:

Pensamientos del tipo:
“Mi bebé me necesita tanto que no tengo nada de tiempo para mí misma” indican que se ha producido un desequilibrio. En este caso, lo que se ha desequilibrado es que la mamá que tiene este tipo de pensamiento antepone las necesidades de su hijo a las suyas propias. Como indican las azafatas cuando informan de la seguridad en los aviones, la madre debe ponerse el oxigeno antes de poner el oxigeno a su hijo, ya que una mamá que no está recibiendo el oxigeno suficiente no podrá ponerle la mascarilla a su hijo. La crianza funciona de la misma forma, una mamá debe tener su depósito emocional lleno para poder ocuparse de llenar el depósito emocional de su hijo.
Los bebés necesitan que su mamá esté tranquila y alegre, una mamá extenuada emocionalmente no está en condiciones de transmitirle a su hijo la calma y la seguridad que éste necesita. Las madres perfeccionistas muchas veces se olvidan de esto. Es importante que tengas un tiempo para ti misma todos los días, de manera de poder reconocer y ocuparte apropiadamente de satisfacer tus propias necesidades emocionales.

“Me enfadan las demandas constantes de mi bebé” En este caso el enfado muestra una mamá que tal vez se ha esforzado demasiado, por encima de sus propios límites, que de alguna manera está haciendo más de lo que puede hacer bien, sintiéndose cómoda. Tal vez sea la mamá de un niño más reactivo con un nivel más alto de necesidades. Puede tratarse de una mamá que todavía se sienta insegura en su rol y que carezca por eso de la confianza que le permitiría responder adecuadamente a las necesidades de su bebé, o puede tratarse de una mamá que no tenga suficiente apoyo por parte de otras personas.
Percibir el enfado de la mamá es duro para un bebé y puede hacer que se vuelva más demandante o que se sienta más ansioso. Los bebés son muy sensibles a la mirada y sentimientos de sus padres hacía ellos, se ven reflejados en sus reacciones y por este motivo necesitan verse reflejados de forma positiva para poder sentirse bien. Aunque por supuesto, cualquier persona puede tener un mal día, lo importante es que la mayoría del tiempo tratemos de tener una actitud del tipo caribeño “Don´t worry, be happy”.

¿En este caso qué podemos cambiar para recuperar el equilibrio?

Es poco lo que podemos cambiar cuando se trata de satisfacer las necesidades de nuestro hijo, al menos durante un tiempo, pero debemos considerar si es posible descargarnos de otras demandas y exigencias en nuestra vida. Por ejemplo, delegando las tareas de la casa, simplificando las comidas o dejando por el momento actividades menos importantes durante un tiempo o delegando el cuidado de nuestro hijo también en otras personas.

“Necesito un respiro, pero mi bebé no quiere quedarse con ninguna otra persona que no sea yo” En la actualidad, en nuestra cultura en las grandes ciudades, las familias nucleares, la mayoría de las veces, viven alejadas del resto de la familia. Las mujeres ya llevan tiempo incorporadas al mundo del trabajo y están acostumbradas a sentir reconocimiento en su desempeño profesional. En cambio, el ejercicio de las funciones relacionadas con la maternidad no está suficientemente valorado en nuestro tipo de sociedad. Esto hace que cuidando a un bebé sola en su casa, la mujer se sienta invisible y sufra por su gran aislamiento. Como tan claramente expresa Laura Gutman: “No hay comunidad que nos avale, nos sostenga, nos ampare, nos transmita sabiduría interior, o satisfaga cualquier necesidad, física o emocional”.

Los seres humanos estamos diseñados para vivir en comunidad y durante la crianza es imprescindible contar con una buena red de apoyo que nos permita sentirnos sostenidas. Es importante brindarle a nuestro hijo todas las oportunidades posibles de sentirse cómodo al cuidado de otras personas. Si no tenemos familia que viva cerca, los grupos de madres con un enfoque semejante con respecto a la crianza pueden ser una ayuda inestimable.

Algunas ideas que pueden servirte:

  1. No te quedes en casa, trata de hacer una vida normal llevando tu bebé a todos lados.
  2. No dejes de lado tu vida social, comparte tiempo con otras mamás de niños pequeños, vete a casa de amigos con tu bebé, acostúmbralo a sentirse bien y a dormir en ambientes diversos, siempre que sean sanos para tu hijo.
  3. Trata de que las exigencias externas se reduzcan a un mínimo durante el primer año de la vida de tu hijo, ten en cuenta que todo lo que inviertas en crear un buen vínculo con él te ahorrará un montón de problemas y tiempo en el futuro.
  4. Involucra a tu pareja en todas las tareas de crianza.
  5. Descansa mientras tu bebé duerma, no te sientas culpable por dormir en cualquier horario cuando creas que lo necesitas.
  6. Pide ayuda y delega tanto tareas domésticas como el cuidado de tu niño pequeño durante un par de horas por lo menos una vez a la semana y aprovecha ese tiempo para ti. Para tomar clases, hacer ejercicio o cualquier otra actividad que sientas que necesitas.

Marta Gavito del Campo

La separación y el divorcio de los padres

Los divorcios son procesos difíciles y dolorosos que tienen repercusiones sobre todos los miembros de la familia. Los padres quieren lo mejor para sus hijos y quisieran evitarles el mayor grado de sufrimiento posible. Es importante que sepamos que la manera en que abordemos este proceso puede influir sobre la forma en que  afecte a nuestros hijos. Nuestras propias reacciones emocionales frente a la separación determinarán la forma en que nuestros hijos vivan esta situación.

Para muchos hijos el dolor que produce la separación de los padres es sólo transitorio y cuatro años después de que haya tenido lugar,  se encuentran adaptados a la nueva situación, llevando sus vidas de manera totalmente normal. Si queremos que la separación transcurra para nuestros hijos de la forma menos dolorosa posible, es indispensable que los padres seamos conscientes del  proceso personal que estamos viviendo.

Aceptar la realidad de la separación:

Si queremos ayudar a nuestros hijos es importante que aceptemos  la realidad de la separación. Finalizar una relación desencadena un proceso de duelo que tendrá las etapas de este tipo de proceso:

La primera reacción será un estado de shock: Estaremos confusos, tendremos sentimientos de vacío, no seremos capaces de sentir y pensar con claridad.

Cuando esta primera etapa termine, lo normal es entrar en una etapa de negación. Negaremos que el hecho ha ocurrido, no terminaremos de creer que es verdad a pesar de todas las evidencias que existan, creeremos que es una fase, que no es real, que es un sueño. Le quitaremos importancia, negaremos la seriedad del hecho, pensaremos que la situación es reversible o creeremos que las cosas no van a cambiar tanto, que seguiremos siendo amigos de nuestra expareja y  la familia no sufrirá grandes alteraciones.

La negación es un mecanismo de defensa que nos protege de sentimientos intensos de dolor. Para los hijos la negación por parte de los padres puede resultar muy confusa. A pesar de que los padres les hayan comunicado que se van a separar, ellos perciben los mensajes no verbales. Si uno de los padres está negando la situación, lo que el hijo recibe son mensajes contradictorios. Se da cuenta que lo que su progenitor hace o expresa físicamente no concuerda con lo que dice. Por otro lado, si uno de los padres  dice que se van a separar, mientras que el otro  dice que todo va a estar bien, los hijos terminan sintiendo mucha confusión y ansiedad. Los niños necesitan saber qué está ocurriendo realmente, tratar de amortiguarles la realidad para que no sientan dolor puede terminar causándoles más dolor aún. Los niños saben por la información que reciben de los medios y de otros compañeros de colegio o amigos que han pasado por la misma situación,  que las separaciones o los divorcios son procesos difíciles y dolorosos. Decirles que todo va a estar bien, les impide compartir con los padres las dudas, confusión, temores y emociones dolorosas que están experimentando.

Aceptar que las cosas van a cambiar:

Una separación impone cambios importantes en la vida cotidiana:

Nuestra economía tendrá que organizarse de manera de afrontar el gasto que suponen 2 viviendas, afectando  nuestro estilo de vida. Nuestro trabajo y nuestros horarios pueden verse afectados. Para uno de los componentes de la pareja habrá una mudanza de casa, las posesiones se repartirán  lo que hará que la casa cambie, etc.. La vida social se verá afectada, necesitaremos salir más a menudo, ver amigos. Los eventos especiales serán diferentes: Navidades, vacaciones, cumpleaños. Nos sentiremos solos y no sabremos qué hacer con la independencia que hemos conseguido. La responsabilidad de nuestras decisiones caerá exclusivamente sobre nosotros mismos. Cambiará la forma en que nos presentemos socialmente al dejar de estar casados y convertirnos en separados. Internamente el cambio de identidad al pasar de sentirse casado a estar solo es un cambio difícil y complejo que tiene un fuerte impacto psicológico. Para algunas personas tiene un impacto importante sobre la autoestima al sentirse rechazados por la persona que los amaba con anterioridad.

Encontrando una explicación

Para poder atravesar este proceso es importante  intentar encontrar una explicación a lo que ha ocurrido. Cuando comprendemos por qué una situación ha ocurrido, estamos mejor preparados para indagar y trabajar nuestros propios sentimientos y pensamientos  al respecto. Al comenzar con este trabajo de elaboración también estaremos mejor preparados para contestar las muchas preguntas que nos harán nuestros hijos durante los meses siguientes.

Una de las cosas más destructivas que podemos hacer para nuestros hijos, es culpar al otro miembro de la pareja de lo ocurrido. Para poder sobrellevar bien la separación de los padres es imprescindible que los hijos puedan mantener buenas relaciones tanto con la madre, como con el padre. Resulta sumamente doloroso para un hijo de padres separados sentir que, cuando está con uno  de sus padres o tiene buena relación con él, está traicionando al otro. En mi trabajo como psicóloga clínica he podido comprobar que ésta es la principal causa de alteraciones en los hijos de padres separados que llegan a mi consulta. Sé que hay circunstancias que hacen muy difícil no culpar al otro miembro de la pareja de la separación, pero no obstante, teniendo en cuenta a nuestros hijos debemos tratar de evitar hacerlo, para que se sientan libres de tener la mejor relación que puedan tener con cada uno de sus padres.

Por eso, es importante  ser conscientes de cómo estamos transitando nuestro propio proceso, esto permitirá que podamos elaborar lo ocurrido sin quedarnos fijados en el resentimiento y la queja. Aunque el camino es difícil y requiere  un grado de esfuerzo importante, es lo mejor tanto para nosotros como para nuestros hijos.

Si tuvieras dificultades debido a que te atascas o no puedes recorrer este camino solo, es mejor que pidas ayuda a un profesional especializado que te acompañe en este proceso ya que los familiares y amigos cercanos muchas veces no son ayuda suficiente y generalmente  toman partido por uno de los miembros de la pareja.

Marta Gavito del Campo

Disciplina o autodisciplina

Nosotros como adultos somos los encargados de enseñar a nuestr0s hijos a comportarse…pero muchas veces caemos en errores evitables que dificultan nuestro trabajo. Aquí vamos a intentar dejar claras unas nociones básicas que nos pueden ser útiles para esta tarea.

Para empezar es importante distinguir entre disciplina y autodisciplina. Según el Diccionario de la Real Academia, al disciplinar estamos imponiendo o haciendo cumplir nuestras normas. La disciplina, por tanto, tendrá efecto mientras estemos presentes para hacer que se cumpla.

Cuando se trata de la educación de nuestros hijos, a lo que realmente aspiramos es a que adquieran autodisciplina. Es decir, que interioricen las normas de forma que les sirvan de guía para saber qué es lo que pueden o no hacer aún cuando no estemos presentes. Pero el cambio de nuestro papel desde que nos hacemos cargo de un bebé y tenemos que decidir por él/ella, hasta ir dejando que el niño vaya ganando autocontrol y aprenda a cuidar de sí mismo, requiere que vayamos retirando nuestro control presencial directo de manera sutil, lo que no siempre nos resulta tan fácil.

Hay algunas claves que ayudarán a que el niño interiorice y haga suyos los principios que queremos transmitirles:

  • Es imprescindible servir de modelo. Si hay una disonancia entre lo que les decimos y lo que hacemos, sin ninguna duda, los niños siempre imitarán nuestro comportamiento, digamos lo que digamos.
  • A los niños les resulta más fácil recordar instrucciones positivas que negativas. Es mejor decir “Así” que “Así no”.
  • No hay que olvidar las recompensas cuando el comportamiento es bueno.  La atención por nuestra parte actúa como recompensa tanto si es positiva como si estamos enfadados, así que es muy probable que prefieran que les hagamos caso aunque sea para echarles la bronca, que ser ignorados cuando se portan bien. Hay que tener mucho cuidado para no caer en la trampa de “recompensar” (prestando atención) por portarse mal y “castigar” (no prestando atención) por portarse bien.
  • Hay que explicar siempre el porqué de nuestras normas o indicaciones. Una orden del tipo “porque sí”, no les está enseñando nada y hará difícil que la interioricen. Hay que procurar dar explicaciones claras que puedan entender con facilidad.
  • Confiar en las buenas intenciones de nuestros hijos es fundamental. Hay que procurar traspasarles toda la responsabilidad posible dentro de los límites que imponga su etapa de desarrollo.
  • Y por último, admitir los propios errores es un ejemplo muy valioso. Siempre que nos equivoquemos o hayamos sido injustos, admitir nuestro error y una disculpa les mostrarán cuál es la forma correcta de comportarse.

Mariana Duffill Gavito

Bibliografía: Penelope Leach, Bebé y niño. Grijalbo (2000)

La depresión en la mujer- Emilce Dio Bleichmar

¿Sabías que las mujeres son el doble de propensas a la depresión que los hombres?

Estudios sobre la prevalencia de la depresión realizados en numeros países occidentales nos muestran que por cada hombre deprimido hay el doble de mujeres.

En su libro “La depresión en la Mujer”, la psiquiatra y psicoanalísta Emilce Dio Bleichmar analiza cuáles pueden ser las causas de estas alarmantes cifras.

De manera clara y didáctica, primero nos hace entender qué es exactamente la depresión y cómo identificarla, para luego explorar la interesante teoría de que la propensión femenina a la depresión tiene su origen en un modelo cultural de feminidad cuyos rasgos tienen un peligroso parecido con la personalidad depresiva.

Los rasgos que describen el modelo de feminidad más generalizado son los siguientes: sensibilidad, complacencia, dulzura (ausencia de agresividad y competencia), pasividad, obediencia, necesidad de contacto afectivo, dependencia, fragilidad (…) de la convergencia de todos los datos de que disponemos actualmente-estadísticas, concluyentes trabajos que subrayan la superposición de las condiciones psicosociales que predisponen a la depresión y las características que definen los modelos de feminidad vigentes en nuestra cultura- se puede concluir que lo que predispone a la mujer a la depresión es su propio rol. Es la feminidad misma tal como está concebida en nuestra cultura, el factor de mayor riesgo para la depresión.

A través del análisis del modelo de feminidad que plantea el libro, nos veremos reflejadas en cada descripción. Entenderemos por fin por qué sufrimos tanto en el intento de preservar la armonía en las relaciones, por qué nos sentimos fracasadas cuando no lo logramos, por qué no sabemos cuándo lo pasamos peor, si cuando logramos encajar en el estereotipo de “mujer tradicional” o cuando logramos rebelarnos y hacer justo lo contrario…

De la comprensión de que hemos mamado un modelo de feminidad que nos hace débiles y vulnerables, podremos extraer la sabiduría que nos hará libres y permitirá que eduquemos a nuestras hijas en un modelo de feminidad más real y lleno de fortaleza para enfrentar la vida.

(…) muchas mujeres se deprimen por las consecuencias que acarrea ser “muy femeninas”, entendiendo por esto el estereotipo, lo que actualmente tiende a denominarse una “mujer tradicional”. Muchas otras, en cambio, se deprimen como consecuencia de una suerte de oposición al modelo, y otras, porque no terminan de encontrar uno que les guste.

Mariana Duffill Gavito

Al cole por primera vez

Al cole por primera vez

Desde que nació nuestro/a pequeño/a, llevamos dedicándonos casi exclusivamente a su crianza. En este periodo de tiempo se ha establecido un vínculo afectivo muy fuerte y especial entre los padres/madres y el niño. El Apego es un vínculo que se establece entre el/la bebé y sus principales cuidadores. Es un sistema o repertorio de conductas cuyo objetivo es satisfacer la tendencia innata a mantener la proximidad con los/as cuidadores/as principales mejor capacitados/as para la adaptación y la supervivencia. Si se produce una separación, si hay dolor o miedo, la conducta de apego se activa, el/la niño/a se dirige a su madre o cuidador principal en búsqueda de su ayuda y consuelo.

El establecimiento de un buen vínculo de apego es necesario para el buen desarrollo de nuestro/a hijo/a. Este lazo deberá ser cuidado, siendo muy importante atender los momentos de separación para evitar que nuestros/as hijos/as sientan demasiado miedo o se sientan muy inseguros.

El separarse de un hijo/a por primera vez para dejarlo al cuidado de los educadores del cole hace que se tambalee ese lazo afectivo. En este momento afloran una gran cantidad de sentimientos tanto en los padres como en los/as hijos/as. Sentimientos de miedo, abandono, tristeza, culpabilidad, preocupación…

Hace unos años, trabajando como maestra en una escuela de educación infantil,  pude experimentar este momento de separación. Los primeros días son muy duros, ves un sinfín de lloros, caras de tristeza… tanto en hijos/as como en padres o madres, pero con el tiempo todo se calma y ya las separaciones se vuelven un proceso normal y cotidiano carente de sufrimiento.

Pude observar durante el periodo de adaptación que con bastante frecuencia sufrían más los padres y las madres que los/as hijos/as. Cuando esto ocurre, hay que tener especial cuidado ya que nuestros sentimientos afectan mucho a nuestros/as hijos/as. De cómo vivamos nosotros este periodo dependerá cómo lo vivan ellos/as.

Es muy importante prepararse emocionalmente para este momento.

Algunos aspectos que pueden ayudarnos a estar más tranquilos son:

  • Estar seguros de la decisión tomada.
  • Seleccionar de un centro del que tengamos referencias. Conocer a padres/madres que lleven a sus hijos/as a ese centro y que estén satisfechos con su funcionamiento nos ayudará a estar más tranquilos, seguros y confiados.
  • Conocer el centro (tipo de pedagogía, recursos, instalaciones…) y a los/as futuros educadores.
  • Establecer una relación armoniosa con el/la educador/a de nuestro/a hijo/a.

De cara a nuestros/as hijos/as será conveniente:

  • Explicar al niño/a a dónde va a ir.  Es esencial que el/la niño/a antes de ir al cole por primera vez tenga cierta noción sobre éste. Para ello se debe ir trabajando un  tiempo antes el concepto de “cole”: ¿qué es?, ¿qué hay ahí?, ¿qué se hace en él? Podemos usar cuentos, juegos, etc. para dárselo a conocer. Mostrarles entusiasmo sobre el cole hará que vean que es algo bueno y positivo.
  • Visitar con nuestro/a hijo/a el centro antes de la fecha de comienzo de clases y, a ser posible, tener un primer contacto con el/la que va a ser su profesor/a.
  • Explicarle que vamos a dejarle un tiempo en el cole pero que luego volveremos a buscarle.
  • Mostrarnos contentos/as, tranquilos/as y seguros/as ante él/ella. Vernos bien a nosotros/as le facilitará mucho la separación.
  • Establecer una buena relación con el/la educador/a, así nuestros hijos/as verán que se trata de una persona de confianza con la que se pueden quedar tranquilos/as.
  • Cuando vayamos a recogerles, debemos mostrarnos tranquilos/as y contentos/as. Es muy importante compensarles la ausencia con mucho amor y cariño.
  • Una vez en casa, será positivo hablar con ellos/as sobre el cole. Hablar de los compañeros/as, de el/la profesor/a, de lo que han hecho…

Es de vital importancia respetar el periodo de adaptación fijado por los centros educativos. Nos ayudará a realizar más suavemente este proceso, a ir preparándonos poco a poco y así evitar traumas causados por la separación.

En todo momento debemos seguir nuestro instinto y sentido común. Algunas veces los/as educadores/as, con buena voluntad, dan indicaciones a los/as padres/madres para facilitar las cosas a corto plazo, pero obviando cómo pueden influir en los/as niños/as. Indicaciones de este tipo pueden ser “no coger al niño/a en brazos en casa”, “no mimarle”, “no hacer caso a sus llamadas de atención”… Indicaciones que de llevarse a cabo pueden afectar negativamente a la relación con los/as padres/madres y hacer que el/la niño/a se sienta aun más temeroso/a e inseguro/a.

Los/as niños/as tardarán un tiempo en acostumbrarse a la dinámica del cole. Es normal que algunos/as al principio muestren rechazo por el cole, que no quieran volver, que lloren porque no quieren ir, etc. De igual modo, suelen sufrir un cambio de humor: mostrarse más dependientes, mimosos/as, irascibles… No nos debemos angustiar ante esta situación, ya que con el tiempo se calmarán.

Es muy importante hablar sobre lo que les está ocurriendo, darle un nombre a los sentimientos que están experimentando y explicarles por qué se sienten así. En definitiva darles toda la atención, apoyo y cariño que necesiten.

 
 

Jane Duffill Gavito

La vuelta al cole

Un periodo de cambios y una oportunidad de renovación

Después de un largo y caluroso verano de horarios cambiados, eternas tardes de playa o piscina y relajación de las obligaciones, llega otra vez Septiembre con aire fresco anunciando la llegada del nuevo curso escolar.

La vuelta al cole significa volver a encajar en el engranaje de horarios rígidos, obligaciones y deberes. Significa también volver a pasar muchas horas del día lejos de los que más queremos. Después de unas vacaciones maravillosas disfrutadas en familia, se nos puede hacer bastante cuesta arriba el regreso al cole y al trabajo.

Es muy importante la actitud que tengamos ante este momento del año, de ella dependerá que lo vivamos como el fin de las ansiadas vacaciones o como el principio de  una nueva etapa llena de nuevas experiencias, reencuentros y cambios.

La mayoría de l@s niñ@s viven la vuelta al cole con ilusión, ya que van a reencontrarse con sus compañer@s.  Además empieza un nuevo curso, esto significa estrenar material escolar, ropa, etc.  A ell@s les encantará acompañarnos a comprar el material, echar un ojo a sus futuros libros, escoger su propia mochila, estuche y todo lo que necesiten para empezar el curso. Que sean parte del proceso y puedan participar activamente en las compras les ayudará a sentirse más autónomos y responsables y contribuirá alimentar su ilusión.

Las prisas de último momento a la hora de hacerse con los libros o uniformes, o las colas interminables para anotar a nuestr@s hij@s a alguna solicitada actividad extraescolar pueden resultar factores estresantes en esta recta final previa al regreso a la escuela. Tomarse las cosas con calma y asumir que no somos infalibles puede ayudarnos a no perder los nervios en este periodo de gran agitación en las familias con hij@s en edad escolar.

Septiembre es un periodo de cambios y nos ofrece una oportunidad de renovación. Es el momento de dejar atrás todo lo que no nos gustaba del año pasado y empezar el nuevo curso haciendo realidad nuestros nuevos buenos propósitos.

¡No quiero ir al cole mañana!

Habrá que estar especialmente atent@s ante un/a niñ@ que muestre reticencias importantes a volver al cole, que se muestre taciturno o poco ilusionado o que manifieste su disgusto con enfados o tristeza. Detrás de su actitud puede esconderse información muy importante. Puede tratarse de una dificultad para separarse de las figuras que le hacen sentirse segur@ y protegid@ o un problema de adaptación a la situación escolar. Quizás tenga dificultades en la relación con su nuevo maestr@  o no se sienta bien en su relación con sus compañer@s. Es posible también que durante el curso la cantidad o calidad de la atención que recibe de sus padres/madres no sea suficiente, porque sólo los vea menos de una hora al día, porque a pesar de estar  presentes estén demasiado ocupados con otras tareas o porque simplemente tengan  la cabeza en otra cosa.

Es importante no  desestimar  estas señales de que algo no va bien. Por el contrario, ante esta situación debemos pararnos y escuchar, crear un ambiente propicio donde nuestr@ hij@  se sienta confiad@ para  abrirse y contarnos qué es lo que ronda su cabeza que le hace sentirse mal.  A partir de comprender lo que le pasa podremos  intervenir activamente tratando de encontrar una  solución. Es importante que se legitimen y comprendan sus sentimientos y que se le ofrezca ayuda incondicional. Si a pesar de nuestros esfuerzos  el problema de adaptación escolar persiste, probablemente sea necesario acudir a un/a profesional que nos oriente y proporcione las herramientas adecuadas para entender  y solucionar la situación.

Si el problema es que no tenemos suficiente tiempo para dedicarles  a nuestr@s hij@s una atención de calidad, será hora que nos replanteemos nuestras prioridades y nuestros horarios para crear espacios en los que podamos pasar tiempo con ell@s  dedicándoles el 100% de nuestra atención, mostrando interés, escuchando y estando atent@s a sus necesidades.

Quizás cuando oigamos a nuest@ hij@ decir “¡No quiero ir al cole mañana!”, una vocecita interior dentro de nuestro corazón quiera decir “¡Yo tampoco!”… Es importante que también prestemos atención a esa vocecita que nos habla de nuestros propios sentimientos. Tal vez no soportes el ambiente en tu lugar de trabajo, el estrés sea demasiado grande, te gustaría pasar más tiempo con l@s niñ@s, tu sueño era dedicarte a otra cosa… Igual es el momento de replantearse la situación, ver qué es lo que realmente queremos e intentar hacer todo lo posible para mejorar nuestra calidad de vida.

Para poder escuchar, comprender y darles a nuestr@s hij@s lo que necesitan, es vital que primero podamos hacer eso con nosotros mismos. Si queremos educarles para que se realicen como personas y persigan sus sueños, nosotr@s debemos ser el principal y mejor ejemplo. Si la simple idea de plantearse estas cuestiones nos angustia y nos parece imposible hacer nada por cambiar nuestra situación, un terapeuta puede ser de gran ayuda para objetivar nuestros miedos,  sus causas y  ayudarnos a reencontrarnos con nuestra fortaleza interior de manera de conseguir el cambio que deseamos.

Mariana Duffill Gavito